domingo, febrero 26, 2006

Una mosca me enseñó a vivir

Un azul mate, algo desvanecido, tal vez sea por el verde por el cual están conformados, o quizá el viento que se interpone entre la mirada y ellos lo descompone y nos deja ese azul de tranquilidad... pero ahí están, lejanos, tranquilos e imponentes, posicionados hacia el norte: el cerro de la Higuera y el Mexicano, centinelas de subidas interminables y cansadas por esa afamada barranca de Huentitan; hacia el poniente otros dos compadres, uno colosal y junto a él su mudo compañero un poco más pequeño que el otro, uno gris y tristón, tirándole a lo quijotesco, el otro rojizo y un poco más vivaracho cuál Sancho Panza, estos son El Monumental estadio Jalisco y la pequeña plaza de toros Nuevo Progreso; más hacia el sur se pueden apreciar dos gemelas espigadas, una un poco más alta que la otra, dos antenas emblemáticas de la niñez, justo donde nacen se encontraba el canal de televisión local: Canal 6, símbolo de horas y horas sentado frente a ese televisor de perilla que en ocasiones fungía como matraca para buscar caricaturas igual de simbólicas, seguimos el giro en contra del reloj, del lado oriente en un ángulo de unos 40 grados todo luce más llano, pero si se hurga entre el cableado, las antenas y los árboles se pueden encontrar 5 cruces que parecieran las cruces de 5 gigantes caídos en batalla, son las cruces de 5 templos católicos: Santa María, Madre admirable, Santo cura de Ars, Santa Catalina de Sienna y el de templo del barrio de Talpita (desconozco a qué santidad está construido) sin descartar que entre éstas iglesias yace la casa de los abuelos paternos... no se ve, pero sé que ahí está, éste es el panorama que se observa desde la azotea de mi casa, la casa de los abuelos maternos, que en la azotea tiene tejabanes sobre los cuales se encuentran juguetes viejos quemados por el sol, un cadáver de golondrina y huellas nocturnas de gatos territoriales, la azotea está cercada por macetas con arbustos, patas de elefante, té de limón, malvas floridas, estrellas de David, obeliscos y muchas plantas más, es una azotea peculiar en la que divago sobre recuerdos cercanos y lejanos, reflexiones del día transcurrido, sueños tan tontos como ellos mismos y planes del futuro, una azotea en la que se encuentra la muerte y la vida... mientras divagaba en todos estos pensamientos que suenan insignificantes me fijé en un punto entre dos macetas debajo de un obelisco rosa, para ser testigo del momento exacto y desafortunado en el que una mosca albina en pleno vuelo es capturada sorpresivamente por una araña comemoscas (hasta este momento nunca las había visto comerse una) que se aventó en picada (sujetada por su hilo pegajoso) para perpetuar la cadena de la vida; ahí llegué a la conclusión que pensar en la vida de la mosca no es tan vacío y contrariamente a lo que se dice me dejó muy impactado y me hizo reflexionar.

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